En el gimnasio privado de la mansión en los Hamptons, el aire aún vibraba con el esfuerzo físico de Ángelo. Cassandra se acercó a él con una toalla y su medicación, observándolo con esa mezcla de admiración y cuidado que siempre le profesaba.
—¿Cómo te sientes hoy, mi rebelde? —preguntó Ángelo, recuperando el aliento mientras su mano fuerte rodeaba la cintura de ella, atrayéndola hacia el espacio entre sus piernas y la silla de ruedas.
—Un poco mejor, Ángelo —respondió ella, suavizando las líne