Leonardo entró en la residencia de Valentina con el paso pesado y la mandíbula tensa. Al verlo, Valentina dejó su taza de té, alarmada por la expresión de derrota y furia en el rostro de su hijo menor.
—¡Leonardo! ¿Qué pasó, hijo? ¿Por qué esa cara? —preguntó ella, acercándose para tomar sus manos.
—Es el maldito de Ángelo, madre —escupió Leonardo, dejándose caer en un sofá—. Me ha humillado frente a todos los socios. ¡Me puso a trabajar de conserje! Dice que soy el "Presidente de Mantenimiento"