En las oficinas centrales de Di Santi Enterprises
Leonardo irrumpió en su nuevo despacho —el que había sido de su hermano muerto— con la mandíbula apretada y los puños cerrados. La puerta se cerró de un golpe detrás de él. Los directivos que lo esperaban en la sala contigua murmuraban, cuestionando en voz baja si el "nuevo" Di Santi sería capaz de llevar adelante el megaproyecto que Ángelo había dejado a medio camino.
Leonardo se dejó caer en la silla de cuero, mirando la foto de su hermano en