SOLO UNO DE PIE.
La bestia se quedó parada delante del conde, y le miraba con odio asesino, el conde sonrió con gran ironía, sí, grito el conde, estamos sangrando, y al borde de la caída, tu instinto y mi razón me dicta, que de aquí en adelante, solo quedara uno en pie, siguió gritando el conde Pierre de Monkan,
que parecía desafiar a la bestia, y la otra cosa, de la que estoy seguro, que solo yo quedare en pie.
Así, que vamos a acabar con esto, dijo el conde en voz baja, el conde levanto la lanza, esta vez el