CONFESION.
Elisa le devolvió la mirada, sintiéndose cómoda, atrapada, bajo la mirada feroz de aquel hombre, que lentamente la vencía por dentro, Didier se sentó al lado de Elisa, y le tomo de las manos, Elisa se ruborizó al instante, Didier sintió sus nervios, pero también sintió como por todo su cuerpo corría un fuego que le quemaba por dentro, sí, se dijo, ese fuego, como el que sentía por su madre.
—hay una cosa, que hasta el momento no te confieso aún, y no pienso cometer el error que hace años cometí