El abrazo duró un instante eterno. Un tríptico de cuerpos unidos por el terror superado y la ferocidad protectora. Ivanka temblaba aún, pero los sollozos brutales habían cedido, transformándose en un llanto silencioso que empapaba la camisa de Gianni. Sus dedos se aferraban a la tela como a un salvavidas, hundidos en la realidad sólida y cálida de él. Del otro lado, el brazo de Gabrielle, firme alrededor de sus hombros, era un baluarte adicional, una segunda pared contra el mundo.
Fue sobre ese hombro donde Gabrielle alzó la mirada y encontró la de Gianni. No hubo palabras. Solo un cruce de destellos en la penumbra: en los ojos grises de Gabrielle, una resignación práctica y un dejo de... ¿triunfo? En los grises de Gianni, una gratitud ruda y un desafío latente. Un entendimiento tácito, forjado en el calor de la batalla y el frío del abismo, pasó entre ellos. Eran rivales, sí, pero en ese preciso segundo, cómplices en la salvación de lo que más importaba.
Gabrielle fue el primero en m