El abrazo se deshizo, pero la energía entre ellos permaneció, un campo de fuerza tangible de determinación compartida. Ivanka se separó de Gianni y Gabrielle, sus hombros un poco más rectos, su mirada más clara. Los tres se mantuvieron cerca, como planetas orbitando una estrella común, una trinidad de voluntades decididas a enfrentar la tormenta.
Con un suspiro que era más de resignación que de derrota, Ivanka se acercó a la mesa donde los adultos revisaban los planos. Su mirada, ahora clara y