El jet privado Moretti aterrizó en el aeródromo de North Las Vegas como un halcón plateado descendiendo sobre la ciudad deslumbrante. La puerta se abrió, liberando una bocanada de aire acondicionado perfumado.
Salvatore Lombardi descendió primero, su traje impecable de lino oscuro una armadura contra el caos que sabía los esperaba. Sus ojos grises, fríos como el acero templado, barrieron la pista antes de volverse para ayudar a Alessa. Ella tomó su mano con una firmeza que contrastaba con su v