El Bentley negro se detuvo frente al imponente Ápex Hotel con la brusquedad de un halcón clavando sus garras. Salvatore Lombardi salió primero, su traje impecable de lino oscuro una armadura contra la ira que hervía bajo la superficie. Sus ojos grises, escanearon el lujoso lobby con la frialdad de un radar buscando amenazas. Alessa lo siguió, su elegancia serena una bandera de calma en medio del torbellino que ambos sabían se avecinaba. Sus pasos resonaron sobre el mármol pulido, un eco de auto