Aunque colgué el teléfono el temblor en mis manos no se detuvo. Respiré hondo, intentando que el aire llenara mis pulmones, pero solo sentí el vacío del pánico. Debería llamar a Gael. Debería decirle que Valeria había metido la cabeza en la boca del lobo. Pero… ¿y si ya lo sabía? ¿Y si Sebastián ya estaba enterado y tomando medidas para proteger los intereses de los Hendrix, no los de mi amiga?
Mi teléfono vibró de nuevo. Un mensaje de Valeria.
Valeria: Colgaste antes de que pudiera decirte que era demasiado tarde. Ya envié lo que tengo del caso a un contacto en la fiscalía. Si no lo tapan con dinero, esto se reabre.
Valeria: No me digas que fue una estupidez. Lo sé. Pero alguien tenía que hacerlo.
Mis dedos volaron sobre la pantalla, rápidos y torpes.
Yo: ¿QUÉ HICISTE, VAL? DEBISTE PENSARLO MEJOR. POR FAVOR, PROTÉGETE DE ESA GENTE.
Valeria: Estaré bien. Protégete tú, que compartes cama con ese tipo.
Esa última frase me quemó. Porque era cierta, y porque ahora sentía que al compartir