La idea de ir con Gael se desvaneció tan pronto como la pensé. Él era una pared de hielo, un estratega frío. Escucharía el problema, pesaría las opciones y tomaría la decisión más lógica: contener el incendio. Y Valeria no importaría.
No. No podía arriesgarme.
Mi mente, a pesar del pánico, empezó a trabajar de forma extraña, clara y cortante. Necesitaba a alguien dentro del círculo de Gael, pero que no fuera Gael. Alguien que entendiera el juego sucio, las reglas no escritas, y que tuviera lo