CAPITULO 8

La oscuridad de la madrugada todavía envolvía la mansión cuando el sonido de los motores me arrancó de un sueño inquieto, cargado de imágenes de cartas perfumadas y cicatrices que se retorcían como serpientes, me levanté de un salto, con el corazón golpeando mis costillas con una urgencia eléctrica que no lograba calmar, Nikolai había dicho que me enviaría a las montañas al alba, pero algo en mi interior, ese instinto siciliano que nunca duerme, me gritaba que una vez que cruzara esas puertas b
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