Jacob aún tenía la piel sensible y el cuerpo fatigado por los eventos de la noche anterior, como si cada fibra de su ser recordara la tensión vivida.
El aire estaba impregnado con el aroma tenue del café recién preparado, mezclado con el olor a madera envejecida de los muebles, un perfume familiar que normalmente le traía calma, pero que hoy parecía ajeno, distante.
Al posar la mano sobre la encimera de granito, sintió la textura rugosa y fría como una piedra de río, lo que lo hizo estremecerse