Metros más adelante subió al primer taxi que vio y le pidió al conductor que la llevara a casa.
En todo el camino, los pensamientos la devoraban.
Tal vez no debí aceptar este compromiso... Tal vez fui demasiado rápida, demasiado humana... Sus manos temblaban sin poder controlarlo, o tal vez eran sus propios dedos, tan fríos como su corazón en ese instante. Los humanos... Siempre traicionan. Siempre vuelven al pasado. Una parte de ella gritaba que estaba exagerando, que no había visto nada definitivo, pero otra, más oscura y antigua, susurraba que ya había vivido suficientes siglos como para saber lo que significaban esas miradas.
Y esa parte era cruel, porque conocía el dolor de ver a un amor desvanecerse entre las manos sin poder hacer nada.
Valery tenía el rostro desencajado, sintiéndose más perdida que nunca.
¿Qué estoy haciendo? Esto no soy yo. Estoy dejando que el miedo gobierne mis decisiones, que la inseguridad destruya algo que apenas empieza. El pensamiento la golpeó con fuerz