Lo dijo sin pestañear, y por dentro se odió por usar el amor como argumento. Porque era cierto y, al mismo tiempo, era una trampa.
Jacob frunció el ceño, confundido.
—Eso… Eso no prueba nada —susurró, y su voz tembló entre miedo y deseo. Como si una parte de él quisiera creerla con desesperación.
Valery lo observó un segundo, y entonces tomó una decisión.
No con calma.
Con desesperación fría.
—Ven —dijo, girando hacia la cocina.
Jacob dudó, pero la siguió.
La casa parecía más oscura en el traye