El silencio no era silencio, era un zumbido espeso que se pegaba a las paredes, a la piel, a los pulmones.
Valery lo observó, quieta con el cuerpo muy recto. Su rostro parecía de mármol bajo la luz tenue, pero sus ojos demasiado atentos no lo eran.
Sus dedos se quedaron a mitad de un movimiento que quería ser consuelo.
Está temblando. No por frío, sino por lo que hizo… Por lo que vio
Y, aun así, otra voz dentro de ella susurraba: Y por ti.
—Jacob… Cálmate —murmuró, con voz baja, como si hablar