El avión despega al amanecer, llevándose consigo más que maletas y pasaportes. Se lleva también un corazón herido que busca escapar de una ciudad que la señaló, que la juzgó y que le arrebató la ilusión de confiar en el amor. Giorgia aprieta los ojos contra la ventanilla, dejando que las luces de la ciudad se hagan cada vez más pequeñas, hasta desaparecer. A su lado, Barron la observa en silencio. No necesita palabras para entender lo que siente su hija: el dolor, la traición, la decepción.
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