La mañana en París amanece fresca, con un cielo limpio que deja filtrar una luz suave sobre los tejados grises y las calles que comienzan a despertar. Giorgia se levanta temprano, con la costumbre adquirida de ordenar cada aspecto de su día para evitar que el desorden de su mente se interponga en lo que ahora más le importa: su trabajo y el bebé que crece en su vientre. Se prepara un té, revisa algunos correos en su portátil y respira hondo frente a la ventana de su departamento, intentando con