El aire en París se vuelve espeso esa mañana. En el departamento, Giorgia siente las primeras contracciones mientras acomoda algunos papeles sobre el escritorio. El dolor la sorprende con violencia, obligándola a aferrarse al borde de la mesa. Respira hondo, tratando de mantener la calma, pero el sudor en su frente delata el inicio de una larga batalla.
Julian, que estaba en la cocina preparando té, escucha el gemido ahogado y corre hacia ella. Sus ojos azules se abren de golpe, un destello d