CAPITULO 23

El silencio no es la ausencia de sonido; es la presencia de un vacío que antes estaba lleno. Para mí, ese silencio era ensordecedor.

​Me encontraba sentada en una silla de mimbre en el solárium de la mansión, una habitación que siempre había evitado por ser demasiado transparente. Los techos y las paredes eran de cristal reforzado, rodeados por la inmensidad del bosque de las Adirondacks que ahora, a principios de enero, estaba sepultado bajo una capa de nieve tan blanca que hería la vista. Lle
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