El aire en la Academia de Maine se había vuelto gélido, pero no era por el invierno que azotaba la costa. Era una frialdad distinta, una que nacía del miedo contenido y de la incertidumbre, me encontraba en el puente de mando de la Estación de Escucha, una estructura circular de cristal y acero que habíamos construido sobre los acantilados más altos. Desde aquí, el océano Atlántico parecía una sábana de plomo bajo el cielo gris.
Llevaba puesto un traje de vuelo técnico en color azul cobalto, f