La niña había ido al baño en la suite y el Cuervo aprovechó para aparecer silenciosamente en el marco de la puerta. Sus pasos eran medidos, calculados, y su presencia imponía un aire de poder casi absoluto. La luz del sol entraba por los ventanales, iluminando la habitación con un tono cálido, pero incluso esa claridad no podía suavizar la tensión que flotaba en el aire. Vicky lo miró de reojo, con los músculos tensos, preparada para cualquier movimiento, mientras sentía cómo el corazón le golp