El vuelo de regreso en el avión privado transcurrió con una tensión que se apoyaba en el silencio más que en las palabras. Las luces tenues dejaban a la cabina en una penumbra cálida; Tory, agotada por las emociones, dormía apoyada contra Vicky, cuyo rostro mostraba una calma frágil. Peter miraba por la ventanilla el negro almibarado de la noche y trataba de ordenar los pensamientos que no dejaban de chocar entre sí: el rescate, Rodrigo, las palabras de Mike y Pat, y la promesa que había hecho.