La mañana ha llegado y Kira aún duerme tranquilamente, como si intentara mantenerse lejos del mundo real, atrapada en ese instante de calma.
Konstantin no se ha movido en toda la noche. Había permanecido con ella, abrazándola como si fuera una promesa viva, como si su calor pudiera alejar el dolor.
Pero ahora la observa. Su mirada no tenía la frialdad habitual, ni el sarcasmo con el que se envolvía para no dejarse alcanzar. No. Ahora era distinta. Era una mezcla de admiración, preocupación y al