Constantino no se relajó.
Se quedó junto a Kira hasta que llegaron más personas. Primero Matías, luego Hugo, con rostros serios y palabras mínimas. Después llegó Lorenzo, el pequeño hermanito de Kira, acompañado por Alejandro. El niño corrió hacia ella y la abrazó con fuerza. Kira se agachó para recibirlo, y aunque no lloró, algo se ablandó en su rostro.
Konstantin se apartó un poco y se acercó a Alejandro, quien lo miró con gravedad.
—Un carro negro, de la esquina—le susurra—. Lleva más de med