La tarde en Moscú era gélida, pero no tanto como para congelar la adrenalina que corría por las venas de Kira Valdivia.
Llevaba su abrigo cerrado hasta el cuello que contrastaba con sus labios carmín. Continúe caminando por la entrada lateral del hotel Ivanov, evitando el vestíbulo principal barrotado de prensa, empleados y algún que otro huésped curioso por el reciente atentado contra su abuelo, Dimitri. Va directo al parqueo soterrado.
No quería más miradas. Más preguntas. Más cámaras.
El air