Pasaron dos días. Kira aún dormía, conectada a fluidos, con vendas en los brazos y en la cabeza. Konstantin no se movió de su lado. Comía poco, dormía nada. Cada hora un doctor pasaba a comprobarla, y el equipo de seguridad mantenía la planta sellada.
El doctor principal, el segundo día, llegó con unos resultados en la mano. Konstantin se puso de pie de inmediato.
—¿Cómo está?
El hombre respiró hondo.
—Despertará pronto. Pero... hemos hecho varios análisis, incluyendo pruebas hormonales. Sr.Vól