La mansión bullía de voces, risas y el tintinear de copas. Kira entró al comedor tomada del brazo de Konstantin, con una sonrisa tranquila que no se le había visto en meses. Llevaba un vestido sencillo pero precioso, y aunque aún estaba algo pálida, tenía un brillo en los ojos que todos notaron de inmediato.
—¡¿Pero esta es mi hija o un modelo de revista?! —exclama su madre, Ximena, levantándose con exageración.
—Déjala, mamá —rie Lorenzo—. Por fin se le ve feliz. No la asustes.
—¡Feliz y hambr