Mundo ficciónIniciar sesiónCamelia, una joven estudiante universitaria, ha aprendido a sobrevivir en un mundo que parece hecho para quebrarla. El vacío existencial y la manipulación han sido su constante: primero por su propia familia y luego por aquel a quien consideró el amor de su vida. Justo cuando su único deseo es graduarse y encontrar la paz que tanto ansía, un guapo extranjero aparece con una propuesta inesperada… una que podría resolver todos sus problemas. Pero, aceptar tiene un precio. ¿Está dispuesta a cruzar esa línea? Cuando la vida le ha arrebatado tanto, ¿realmente aún tiene algo que perder?
Leer másMALAK
Mi teléfono vibra en mi pierna, eso me indica que todo ha salido como lo he premeditado. Sin esperar más, atrapo el télefono móvil en mis manos deslizando la pantalla con mi dedo para coger la llamada, llevo el aparato a mi oreja. Me alegra escuchar la voz de Rulan, por una vez en la vida.
—Malak, todo ha salido a la perfección. El amigo ha mordido nuestro anzuelo, y tenemos a la chica —su noto de voz es raro.
—Buen trabajo —lo felicito —, y ahora dime ¿Que ha pasado, Ruslan?
El silencio me lo dice todo. ¡Maldita sea!
—No quiero que la chica tenga ni un solo rasguño —empiezo a decir —te juro que como vea que le habéis hecho daño, os corto las pelotas a tu hermano y a ti. ¿Queda lo suficientemente claro?
Mi mandíbula se tensa. La gente empieza a llegar al edificio, entran como si nada. Si supieran que ya no habrá pelea porque yo he mandado a mis hombres a secuestrar a una de las mejores boxeadoras del condado. Esa chica me ganó en una pelea, he de admitir que es una boxeadora nata. Me gustó desde el primer día y pienso hacerla mía pronto. Siempre tengo lo que quiero de alguien, no será la excepción.
—Ha habido un pequeño inconveniente —dice rápidamente.
—Escupe.
—Se ha desmayado por el tranquilizante, como habíamos dicho. Pero al caerse se ha dado con un mueble en la cabeza y está sangrado mucho —lo que cuenta Ruslan me pone furioso.
Doy un golpetazo a la ventana de mi coche, lleno de rabia. No pueden ni hacer una puta cosa bien, tan solo una, no pueden. Son unos inútiles de m****a que no valen para nada, si Ruslan no fuera mi amigo de la infancia ya lo habría mandado al carajo.
—Llévala al lugar, voy por un médico.
El resto del viaje a casa fue incómodo y tenso. Los quince minutos más largos de mi existencia, no tan doloroso como el parto. Pero si con una sensación horrible que se acrecentaba en mi estómago.Apenas nos detuvimos afuera de la casa, abandoné el auto y me fui lo más rápido que pude al interior. Sin atreverme a mirar atrás, ni doblegarme con esa mirada de aflicción que debía adueñarse del rostro de Adrien. Su mirada de perrito regañado bastaría para que yo corriera a consolarlo y me negaba a hacerlo en este momento.Necesitaba la cabeza fría y en este momento era un remolino de frases y palabras dolorosas.Subí las escaleras con dirección a la habitación principal y justo detrás de mí, se escucharon pisadas de personas que se movían por el salón. El corazón se me acel
—¿Todo bien? —preocupada, le pregunté a Adrien—. Estás muy frío, casi pareces el suturado.Reí ante mi propio chiste, pero la sonrisa desapareció de mi rostro con rapidez. Adrien parecía ido, estaba sumamente pálido y no dejaba de mirar nuestro alrededor, como si temiese a algo o alguien.—¿Adrien? —volví a intentar.—Dime —respondió él en un susurro, casi como si fuese una reacción automática.—¿Estás bien cariño? ¿Qué pasó…?Ni bien pude terminar de hablar, entraron policías y serenazgos a la sala de espera, todos estaban con arma en mano y revisaban hasta el último rincón del lugar.—¿Adrien Giuseppe? —preguntó un agen
Adrien.Esperaba el regreso de Camelia cuando sentí un arma apuntándome directamente a la cabeza. Era metálica y helada en la base de mi cráneo. Y, entre la silenciosa y desértica sala de espera, pude escuchar con claridad el sonido del gatillo. Estaba cargada, pero por suerte aún la bala no era disparada.Todos los músculos de mi cuerpo se contrajeron y me aferré a la tibia calidez que me ofrecía mi hijo en brazos. Miguelángelo soltó una ligera carcajada y mostró su desdentada sonrisa a la persona que se encontraba detrás de mí.—Siempre has sido un experto en mantener la calma —se burló Giovanny, detrás de mí.Sentí las venas de mis sienes palpitar por la ansiedad y mecí suavemente a mi hijo.—Gajes del oficio, lo difícil de crecer rode
El viaje fue muy incómodo al estar sentada, pasó mucho tiempo desde que me sentaba para no perder los puntos de la episiotomía, pero, ¿de qué servía ahora? Volví a perder la mayoría y la cicatriz estaba cubierta de pus.Solo fue tiempo perdido.Para cuando llegamos al centro médico, apenas podía caminar y cada paso era sumamente doloroso. aun así, seguimos caminando hasta el consultorio en el que me esperaban, por suerte no tuve que esperar y pasé casi de inmediato.Apenas entrar, el Doctor me saludó de forma amable y comenzó a preguntarme sobre mi dieta, la alimentación era muy importante, ya que el estreñimiento llevaba a que la persona se forzara al evacuar, lo que terminaba en ejercer una presión que me podrían costar un par de puntos.Por eso me aseguraba de tener comidas





Último capítulo