12. Es ahora o nunca
Alexander caminaba con paso firme, sin decir palabra, guiando a Lilia lejos de miradas indiscretas. Bajaron por un pasillo secundario hasta llegar a una pequeña sala de juntas sin uso, con cortinas cerradas y privacidad suficiente.
Abrió la puerta y le hizo un gesto para que pasara primero.
Lilia entró en silencio, temblando apenas, y él cerró tras ellos.
—¿Estás bien? —preguntó con voz baja, distinta. No era el tono frío y autoritario del CEO. Era más cálido… más humano.
Ella lo miró por unos