24. ¿Cómo le haré?
Alexander tomó la barbilla de Lilia con suavidad, obligándola a mirarlo a los ojos. Ella, instintivamente, retrocedió hasta quedar contra la pared, atrapada sin posibilidad de escapar. El aire entre ellos se volvió denso, cargado de una tensión que casi podía tocarse.
Él comenzó a inclinarse lentamente hacia ella, y Lilia, con el corazón desbocado, cerró los ojos como si quisiera prepararse para lo inevitable. Primero sintió un roce leve, apenas perceptible, que bastó para encender una chispa e