23. Un si aunque no tan real
A la mañana siguiente, Lilia llegó muy temprano, como de costumbre, a la empresa. Vestía impecablemente: blusa blanca perfectamente planchada, falda lápiz negra y tacones discretos que realzaban su porte elegante. Un maquillaje sutil resaltaba sus rasgos, dándole la imagen de una ejecutiva segura de sí misma. Pero, por dentro, su alma era un completo caos.
Se concentraba en revisar unos documentos sobre su escritorio cuando escuchó el característico “ding” del elevador. Levantó apenas la vista