13. La calma después de la tormenta
El trayecto de regreso fue tranquilo, con una tensión suave entre ambos, distinta a la de la oficina. Era como si el silencio compartido comenzara a decir más que las palabras.
Alexander mantenía una mano en el volante y de vez en cuando lanzaba una mirada discreta hacia Lilia, quien parecía perdida en sus pensamientos, mirando por la ventanilla con expresión serena, pero agotada.
—¿Te llevo directo a casa? —preguntó él al acercarse a una intersección.
Lilia negó con la cabeza suavemente.
—E