25. Mentes sincronizadas… cuerpos que se desean
Alexander llegó a su departamento pasada la medianoche. Había regresado a la empresa después de dejar a Lilia en su casa, Intentó trabajar, pero no se concentró. Dejó las llaves sobre la mesa y se desabotonó la camisa con un suspiro pesado, como si cargara un peso imposible de soltar. Se sirvió un vaso de whisky, pero ni siquiera pudo terminarlo; el ardor del licor no era nada comparado con el fuego que aún le recorría el cuerpo.
Se recostó en el sofá, apoyando la cabeza hacia atrás, intentando