Mundo ficciónIniciar sesiónPOV Lanya
Mi padre me tomó del brazo con una fuerza que me dejó sin aliento y me empujó hacia ellos, hacia la familia Elizalde reunida en la sala del hospital, sus rostros una mezcla de desconcierto, curiosidad y desaprobación
—¡Ella es la nueva esposa de Damiano Elizalde! —anunció mi padre con voz firme, que resonó en toda la sala—. Mi hija Atalya no llegó a casarse, pero Lanya… Lanya es igual de buena que ella.
Sentí un escalofrío recorrer mi espalda.
El corazón me latía desbocado, y no era solo miedo; era un terror absoluto.
Pude ver, en los ojos de la señora Renata Elizalde, la desaprobación más pura y directa que jamás hubiera imaginado.
Sus labios se fruncieron en una línea severa, y me hizo temblar.
Theodoro, el abuelo, me observaba con una severidad que me congeló. No había ni un atisbo de bienvenida en su mirada, solo juicio, como si fuese un intrusa que osaba ocupar un lugar que jamás me perteneció.
—¡Ella será la esposa de mi nieto! —dijo la abuela Sonia finalmente, con voz cortante—. Y es mejor que esa caprichosa de Atalya. A ella no quiero volver a verla nunca más, ni en pintura.
Mi mente giraba a mil por hora. Todo sucedía demasiado rápido.
La abuela Sonia se acercó con paso firme, y sus manos temblorosas tocaron mi rostro. Besó mi frente con un gesto que mezclaba ternura y autoridad.
—Bienvenida a la familia Elizalde, Lanya —dijo con voz suave, pero decidida—. Ahora mismo llamaré al abogado para hacer todo esto oficial. Pero dime… ¿por qué aceptas? ¿Verdad que aceptas ser la esposa de mi nieto Damiano?
Mi corazón se aceleró, golpeando en mi pecho como si quisiera salirse.
Yo… yo, la esposa de Damiano Elizalde… ¿era eso posible?
Durante tanto tiempo había soñado con él, había deseado cada gesto, cada mirada, cada palabra que jamás me perteneció.
Y ahora estaba frente a mí, tangible y aterrador a la vez.
—Yo, voy a aceptar, pero… exijo que, mi hermana debe devolver el dinero de la dote y dármela a mí, además, debo ser la esposa legal de Damiano, quiero todos los derechos como su esposa —respondí con voz firme, aunque sentía un nudo insoportable en la garganta.
No me di cuenta en ese instante de que mis palabras no solo podían cumplir mi deseo más profundo, sino también marcar el inicio de mi condena silenciosa.
Pero vi la mirada de mi padre, estaba enojado, sabía que esto iba a destruir a su hija consentida, pero era hora de que Atalya asumiera las consecuencias de su daño
***
Dos años después
Luego de que Damiano se despertó del coma, seis meses después, su recuperación fue lenta, pero impresionante, yo estuve con él, a pesar del rechazo que me tuvo al saber la verdad.
Durante seis meses lo ayudé en todo, sus fisioterapias, que aprendí para ayudarlo. Aprendí a cocinar no solo sus comidas favoritas, también las comidas nutritivas que le ayudarían a fortalecer su cuerpo, luego de ese estado de coma.
Día y noche estuve a su lado, incluso cuando los dolores eran constantes, o cuando sentía que nunca podría volver a levantarse con fuerza, me convertí en su sombra, en su roca, y pensé, solo por una vez, que estaba sintiendo algo por mí, que podría amarme.
Un año después, por fin mejoró, sorprendiendo a todos y tomó el control de la empresa y volvió a ser el hombre que siempre admiré.
Hoy es mi cumpleaños. Preparé mi comida favorita: pasta al pesto, ensalada, y ese pastel de queso que tanto me gusta, pensé que él vendría, al menos antes lo hico.
Miré el reloj. Ya era tarde, más tarde de lo habitual. Mi corazón comenzó a acelerarse, y mientras me acomodaba en el sofá para esperar, casi me quedé dormida por el cansancio y la ansiedad.
Fue entonces cuando recibí un mensaje que me despertó de golpe.
Era él. O más bien, su imagen en la pantalla de mi teléfono: recostado en una cama, los primeros tres botones de su camisa abiertos.
Y junto a él, un destello de traición que me atravesó el pecho como un cuchillo: Atalya.
Mi hermana estaba ahí, junto a él, besando sus labios,
La imagen me golpeó con fuerza, y sentí que la respiración me faltaba.
"Hermanita, mira dónde está tu esposo ahora. ¿Tienes algo de vergüenza? ¡Él ha vuelto a mis brazos, donde pertenece! Divórciate, si tienes dignidad", decía el mensaje.
No pude contenerme.
Mis lágrimas cayeron, y lo supe, era el fin del matrimonio.







