31. Tengo que recuperarla
“—Ya no hay trato.”
Esas palabras desataron la bestia interior de Dimitry.
Él estaba tratando de reprimir su furia mientras conducían de vuelta a su casa.
Satarah durante todo el camino Satarah estaba en silencio aguantando las desesperadas ganas de llorar. Aquel papel que tenía en la mano se había convertido en una especie de salvavidas para ella.
Cuando vio que llegaba a la casa de Dimitry enseguida saltó del auto sin esperarlo. Casi corriendo hasta su habitación.
—¡Ten más cuidado, niña! —gr