32. No quiero que me sigas
Cuando Satarah salió de la habitación un par de hombres la estaban esperando.
—¿Dónde está Andrei?
—El jefe ha dicho que seremos sus nuevos guardaespaldas.
Ella frunció el ceño pero no preguntó nada más. Necesitaba llegar cuando antes a la dirección, su corazón estaba latiendo cada vez más fuerte contra su pecho y la ansiedad estaba volviéndola loca de impaciencia.
Los guardaespaldas la guiaron hasta la salida pero para su mala suerte en la puerta la esperaban Yelena, Anastasya y Rashel.
—Entras