222. ¿Y si la pierdo?
El dolor cedió después de que le administrarán la raquídea, Tarah sentía que sus piernas se habían dormido.
La mano de Dimitry nunca la abandonó ni las palabras de aliento que él le daba dejando besos de vez en cuando sobre su cabello aunque también tenía sus ojos puestos sobre cada movimiento que los cirujanos hacían hasta que ambos escucharon el primer llanto en la sala.
Satarah sonrió buscándolo con la mirada pero no pudo verlo, pero Dimitry sí lo hizo ya que estaba de pie.
El grito del bebé