221. Duele tanto
—N-no podemos hacer eso…
Sus mejillas estaban completamente rojas, apartándose ligeramente de su esposo, quien le dedicaba una oscura y seductora mirada, mientras sus manos no se detenían.
—Dimitry…
Pero no añadió nada más, su tono era una advertencia, había algo más allá de aquello, la excitación se notaba con cada letra de su nombre pronunciado. El deseo ardiente se extendía por sus cuerpos.
—Será divertido —Prometió él.
Satarah sentía que su corazón iba a salirse de su pecho ante la tensión q