10. No voy a seguir con él
Vasilisa retrocedió aturdida, llevando una mano temblorosa a su rostro.
—¿Q-qué estás haciendo, mamá?
—¿Zinoviy Ivanov? —su madre estaba fuera de sí—. ¡¿Ese es el nombre que tienes la osadía de pronunciar frente a mí?!
—Mamá, no entiendo...
—¡Él es uno de los mafiosos más peligrosos de Rusia! —soltó su madre temblando de rabia—. Más letal incluso que tu padre. ¡Ese hombre es un monstruo, Vasilisa!
La mejilla aún le ardía por el golpe, pero ese dolor físico era ridículo, insignificante, comparado con el que acababa de estallar dentro de su pecho.
¿Monstruo?
La palabra rebotaba en su cabeza como un eco.
Quería reír, quería gritar que se equivocaban, que era imposible, que su madre se equivocaba, que Zinoviy era cálido, él lo demostraba siempre cuando le acariciaba el cabello, cuando le besaba los párpados con una ternura que nadie le había mostrado nunca, cuando le había susurraba "quédate siempre" con una voz tan suave que no era la de un un asesino.
“Es imposible.”
Su padrastro asint