Sorokin mandó el primer mensaje tres días después de Ginebra.
Llegó a través del mismo intermediario en Ginebra, con la misma discreción de siempre, pero el tono era diferente al de todos los mensajes anteriores. Menos calculado. Más directo, como si el filtro habitual que Sorokin ponía entre lo que pensaba y lo que comunicaba se hubiera adelgazado levemente sin que él lo notara.
Los contactos están hechos. México confirmó interés. Japón también. Albania necesita más tiempo.
Dante lo leyó en el