El vuelo duró una hora y veinte minutos.
Valentina pasó la mayor parte mirando por la ventanilla con el cuaderno de notas sobre las rodillas, repasando los puntos de la reunión que había memorizado pero que seguía revisando porque así funcionaba su cabeza antes de algo importante. Dante estaba a su lado con los ojos cerrados, no dormido sino en ese estado de concentración interna que ella ya conocía como su manera de prepararse.
Marcos y Reyes iban detrás, en silencio.
El hotel en Ginebra era e