La mañana siguiente empezó diferente a todas las anteriores.
No en los gestos grandes sino en los pequeños. Dante bajó antes que Valentina, cosa que no era habitual, y cuando ella llegó a la cocina había café listo y algo simple sobre la mesa que él claramente había preparado con más intención que habilidad culinaria.
Valentina lo miró.
—¿Desde cuándo hacés el desayuno?
—Desde ahora. —Dante estaba de pie junto a la ventana con su propia taza. —Sentate.
Valentina se sentó sin discutirlo y tomó e