Al día siguiente.
Amara despertó sobresaltada, con esa sensación incómoda en el pecho que no sabía si llamar vacío o presentimiento. Lo primero que hizo fue buscar a Liam con la mirada, tanteando el costado de la cama como si aún pudiera sentir el calor de su cuerpo allí. Pero solo encontró sábanas frías.
Al ponerse de pie, recorrió la casa con pasos lentos, conteniendo un suspiro tras otro. En la cocina, la asistente de limpieza apenas la vio entrar y, con una voz suave, pero cortante, le dijo: