Stelle retrocedió como si acabara de recibir un disparo directo al pecho. Le temblaban las manos, la respiración se le volvió irregular, y por un instante sintió que el mundo entero se inclinaba bajo sus pies. Miró a Andrew, buscando en sus ojos alguna señal, algo que le dijera que aquello era un malentendido, una broma macabra, una mentira fácil de deshacer.
Pero Andrew solo negó, con el ceño fruncido y la mandíbula tensa.
—Ella miente —dijo con voz dura, sin apartar la mirada de Beatriz—. Ese