La doctora respiró hondo antes de hablar, intentando suavizar la tensión que se había acumulado en el aire después del caos con Ronald.
—Amara… ¿Quieres que él entre?
Amara levantó la mirada hacia la puerta. Liam se sostenía del marco, como si temiera moverse. Sus ojos estaban cargados de culpa, de miedo, de algo que ella no sabía descifrar. Y, aun así, su corazón lo reconocía.
Amara asintió despacio.
—Es el padre de mi hijo.
Liam entró sin decir palabra. Cerró la puerta con cuidado, casi con re