Al día siguiente, Amara despertó sobresaltada.
El pecho le latía con fuerza, como si algo dentro de ella hubiera estado golpeando toda la noche, exigiéndole recordar. Y lo recordó. Todo.
El pasado volvió a ella como una tormenta, arrastrando memorias que había querido enterrar para siempre.
Se sentó en la cama, presionando los dedos contra el colchón como si necesitara aferrarse a algo real para no desmoronarse.
Recordó la forma en que sus padres, Connor y Glory, la miraron cuando anunciaron su compromiso con Liam Mayer.
Ellos irradiaban ilusión. Connor estaba extasiado, casi infantilmente emocionado, como si estuviera cumpliendo una fantasía que había acariciado desde la juventud.
Siempre había soñado con unir a su hija con el hijo de sus mejores amigos, Travis y Sídney Mayer.
Era un sueño que se hacía realidad para ambos matrimonios.
Amara, que se había criado junto a Liam, adoraba al muchacho. Había sido su amigo, su aliado, su primer amor, su todo.
Creció creyendo que un día se cas