La noche se había vuelto fría cuando Amara y Liam salieron del evento. Las luces del gran salón quedaban atrás, y el murmullo de la élite se desvanecía entre risas y copas de cristal.
Afuera, el aire olía a lluvia y a perfume caro. Los flashes habían dejado de perseguirlos, pero la tensión seguía suspendida entre ambos.
Liam Mayer la tomó del brazo, con esa mezcla de autoridad y desesperación que solo un hombre herido podría sentir.
Sus ojos, oscuros como la noche, la miraban fijamente.
—Amara —