—¡No lo hago! —gritó Amara, y su voz retumbó por todo el salón privado del restaurante—. ¿Quieres saber la verdad? Resulta que, por fin, me creció cerebro. Por fin entendí que la verdadera basura se llama Ronald Rezza… y que jamás lo amé. El único hombre al que amaré en esta vida, hasta mi último aliento, es Liam Mayer. Fui una estúpida al fijarme en alguien tan asqueroso como Ronald. Pero mira, te lo cedo. Quédate con él, que se divorcie de mí. Al final, la basura siempre busca compañía.
Los ojos de Hannah se abrieron desmesuradamente, ardiendo de rabia y vergüenza.
—Solo no esperen robar las acciones de la empresa de mi abuela —añadió Amara, con la voz temblorosa pero firme—. ¡Son mías!
Hannah se levantó de un salto.
Tomó una taza de té de la mesa; sus manos temblaban de coraje, dispuesta a lanzársela a la cara.
Pero Paolo, el asistente de Liam, reaccionó al instante, interponiéndose entre ambas.
—¡No, señora! —exclamó, atrapando la muñeca de Hannah antes de que la taza saliera dispa