Leslie regresó con Travis al hospital, aun con los nervios crispados. Él estaba ya de pie, con el brazo vendado, listo para marcharse.
—Es hora de irnos —dijo con voz grave.
Ella asintió con rigidez. No quería hacerlo.
En su interior ardía una mezcla de anticipación, miedo y rabia.
Pero sabía que cualquier palabra mal dicha podría revelar lo que más temía: que Travis todavía amaba a Sídney y eso la haría perder el control sobre el hombre, y no podía hacerlo, con ese falso amor podría controlar l